Dejo caer su mirada en mi y sonriendo dijo, me trajeron de Santa Cruz, allí me robaron el cerebro.
Recuerdo que hace años en el bar de Adrián y Mary coincidíamos y algún partido al envite jugábamos, la apuesta siempre la misma, tapitas de queso blanco fresco y vino del país.
El vivía solo porque su madre había muerto hacia unos años, desde ese momento paso a ser por siempre “Carlitos”…. Curioso por cierto, el media mas de un metro ochenta y cinco y su peso rondaba los cientoveinte kilos.
Un día la policía local fue a su casa porque estaba metido en un hoyo que había hecho en el patio, allí dormía cada noche, cuando los policías le preguntaron porque dormía allí el contesto que por dos razones, la primera que estaba en su casa y la segunda en que no hay que hacer la cama…. ese era Carlitos.
Fumaba como dicen los viejos igual que un carretero, siempre asomado a la ventana, su casa al principio del barranco Godinez era paso obligado para mi cuando iba a ver a mi madre, siempre el grito ... ¡ niño, adiós niño !
Yo soy de los que pienso que los ojos reflejan lo que sientes y cuando miraba los suyos veía sus ganas de decir adiós.
Así que ....
Como cada mañana, el cruzo la carretera, bajo unos escalones y se sentó en el banco de la plaza, saco un cigarro, lo encendió, le dio dos bocanadas, cerro los ojos, y Carlitos se dejo morir.
....................